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pitagoras Tresfonsitas

El Estatuto Vasco

En los primeros días de Julio de 1979 se reune por primera vez, bajo la presidencia de Emilio Attard, la ponencia encargada de estudiar el Estatuto Vasco.

Uno de sus miembros, Blas Piñar, declara tras la primera reunión: "Estoy encantado, porque el Presidente es muy simpático".

Otro, Miquel Roca, dice: "….. UCD y PNV tienen que sentarse y lograr el entendimiento……… Soy partidario del consenso cuando hay problemas graves en el país".

Roca y Piñar forman parte del bloque de 13 miembros de la Comisión Constitucional del Congreso: también están en este bloque Xabier Arzallus y Gregorio Peces Barba.

Enfrente tienen a los 13 de la Asamblea de Parlamentarios Vascos: Juan Mari Bandrés, Enrique Múgica, Marcos Vizcaya, Marco Tabar…..

En el verano de 1979 Miquel Roca ya es muy conocido por la sociedad española como hombre propenso al entendimiento y capaz de todos los esfuerzos imaginables para lograrlo.

Treinta años después, Miquel Roca no se ha movido un milímetro respecto de su posición, y la imagen que de él tiene la sociedad española es idéntica a la que tenía entonces.

Sin embargo, Roca no ha vacilado cuando así lo ha creído oportuno, en optar por la confrontación. Siempre desde la trinchera del nacionalismo catalán. Y siempre con razón. Ha elegido muy bien los momentos puntuales de sus ataques: cuando desde las instituciones centrales del Estado se violentaba a Cataluña. Y sobre todo eligiendo muy bien el tono de su mensaje: bien cargado de argumentos y exquisito en el revestimiento.

Y luego están las dos derrotas clamorosas en las batallas que ha dado por un liderazgo político: la batalla de 1986 por la implantación de un partido español de Centro y la batalla de 1995 por la Alcaldía de Barcelona.

La opinión pública no duda en otorgar la máxima puntuación a este hombre dotado de las mayores capacidades, y al que ha visto, sin embargo, morder el polvo.

En 2012, ante la crisis que afecta a España en el ámbito de la "Europa del euro", Roca ofrece una vez más su receta: los españoles tienen que comprometerse, cada uno desde su parcela, por el pacto, por el acuerdo.

Pero de Miquel Roca no debemos quedarnos sólo con lo que dice. También debemos fijarnos en su capacidad de confrontación, cuando al servicio de los intereses del nacionalismo catalán, así lo ha creido oportuno.

Confrontación en Europa: las dos grandes guerras.

Las llamadas guerras mundiales no son explosiones aisladas de violencia. Más bien se trata de momentos álgidos de la confrontación que viven las potencias europeas en toda la primera mitad del siglo XX. Ya sea la cuestión de Alsacia y Lorena; ya sea la cuestión de la influencia en África; ya se trate de diferentes modos de entender la sociedad; el caso es que la violencia, con o sin cañones, era el procedimiento con el que franceses, alemanes, ingleses y polacos y rusos, y griegos e italianos, entendían que se podían dirimir sus problemas.

El resultado de la confrontación es incontestable: la derrota del hipernacionalismo es absoluta e irreversible. Pero los europeos no ignoran que siguen presentes la mayoria de las fuentes de conflicto. Por eso se ponen a la tarea de resolver esas diferencias mediante el "sentarse a hablar" y el acuerdo. Así, en la segunda mitad del siglo, los europeos han demostrado que el diálogo y el pacto pueden ser métodos muy prácticos para afrontar los problemas.

Confrontación en España: Guerra Civil.

Al comenzar el siglo XX España está derrotada y agotada. El conflicto entre "isabelinos" y "carlistas" que ha ensombrecido el país a lo largo del XIX, objetivamente no debe tener continuidad.

La sociedad quiere mirar adelante y buscar, mediante el diálogo, un consenso que la permita conseguir un mínimo de bienestar y desarrollo. Mientras la vitalidad y el progreso hacen que Francia, Alemania e Inglaterra "no quepan" dentro de Europa y caminen inevitablemente hacia la explosión de violencia, parece que los exangües españoles están condenados a entenderse entre sí.

Pero España no logra ese mínimo de acuerdo que necesita para desarrollarse. Los que preconizan el diálogo y la busqueda del consenso, a veces olvidan, que para que exista un pacto debe haber algún interés en común, es decir "un pastel" que se pueda repartir, por muy pequeño y miserable que sea. Y la desolación y la miseria son tales en España que a los españoles les falta ese mínimo "interés común" sobre el que hablar y acordar.

Y no se podía llegar a un consenso. Y no se pudo. Y estalló la particular explosión de violencia a la que se conoce como "guerra civil".

La guerra española suscita un enorme interés en Europa. Rusos y alemanes se involucran directamente en la pelea.

Para el ejercito alemán se trata de una experiencia crucial para probar sus teorías en torno a los efectos que puedan tener la nueva tecnología militar. En particular, la destrucción de Gernika mediante el lanzamiento de bombas incendiarias desde el aire es un experimento de la mayor relevancia para los militares germanos. Si quisieramos representar en una viñeta la decisión de incendiar Gernika, no deberíamos utilizar la figura de un Hitler vociferante e histriónico. Debieramos más bien representar a un militar alemán de impecable uniforme y con monóculo; y en el "bocadillo" de la viñeta deberíamos hacerle decir: "Señores, no olviden que el objetivo fundamental de esta acción consiste en observar la reacción de esas pobres gentes cuando comprendan que su hermosa ciudad ha sido arrasada por el fuego de nuestras bombas".

La industria bélica rusa está ante su oportunidad de fabricar cañones y carros de combate y aviones para una guerra activa en la que la necesidad continua de sustitución permitirá innovar y producir a gran escala. Las facturas se realizarán a "precios de mercado". Un tipo de mercado conocido en los manuales de Economía: el comprador tiene una necesidad absolutamente imperiosa de los productos que demanda; el vendedor ocupa la cómoda posición de "oferente único". Si quisieramos ilustrar la situación con un dibujo no deberíamos presentar a Stalin con sus habituales formatos de "campesino" o de "militar"; más bien deberíamos vestirle con un traje de "príncipe de Gales", corbata, bombín y una enorme ametralladora en el regazo.

El resto de países no interviene directamente, pero observa con atención: para sus gobiernos y sus "estados mayores" la guerra de España es un "experimento" del máximo interés.

La guerra española termina con el agotamiento y consiguiente derrota por abandono de uno de los bandos. Consecuentemente el otro bando se lleva el título de vencedor. Pero es un vencedor nominal, porque la confrontación no resuelve absolutamente nada.

A mediados de los setenta llega el momento de la verdad. Cada bando exhibe los mismos estandartes que 40 años atrás. La previsión razonable diría que van a volver a enzarzarse en otra confrontación cruel y estéril.

Y sin embargo saben hablar y consiguen llegar a un punto de acuerdo.

¿Qué ha ocurrido? Ha ocurrido que estos 40 años en los que la violencia ha permanecido soterrada, se ha producido, de un modo mecánico, un relativo desarrollo de la economía española; relativo quiere decir en comparación con la absoluta miseria de la España del primer tercio de siglo. Y en torno a ese pequeño pastel los españoles se han reunido, han hablado y han llegado a un acuerdo.

Europa y España en el siglo XXI

No parece lógico pensar que europeos o españoles rompan con su línea de diálogo y acuerdo, tras 60 años de cooperación por lo que se refiere a Europa, y 30 en lo que concierne a España.

Otra cosa es que las conversaciones sean duras y el acuerdo pueda tardar bastante tiempo en cuajar.

Y otra cosa es que deban formarse bloques de países que actúen como aliados a lo largo de las discusiones y votaciones que eventualmente puedan desarrollarse.

La posibilidad de que Europa entre en una nueva fase de confrontación y violencia debe considerarse por ahora como algo remoto. Lo único real con lo que puede contarse es que 5 países tendrían el papel de peones en el tablero (Irlanda, Portugal, España, Italia y Grecia): pero por ahora se trata sólo de formas de madera todavía sin colorear ni barnizar.

Sobre el resto de figuras del juego no hay nada y casi nada se puede decir; a lo sumo que Alemania y Francia serían los dos reyes enfrentados en la partida.

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