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Mikel Goñi

El pelotari Mikel Goñi opina sobre sus cualidades naturales: ….. nunca me ha gustado prepararme y me he aprovechado un poquito de las cualidades que me ha dado la naturaleza. O sea, con la mitad de entrenamiento que el resto, he dado un nivel bueno.

Un compañero más veterano, Inaxio Errandonea, afirmó en una ocasión que si él tuviera las cualidades de Mikel habría conseguido muchos títulos. La respuesta del muchacho de Oronoz-Mugaire fue contundente: también él conseguiría muchos títulos si entrenara tanto como Inaxio.

No parece aventurado afirmar que tras las palabras de Inaxio, hay una enorme admiración por el joven Goñi; y quizás también algo de lástima por Mikel.

Y en la respuesta de Mikel abunda la inconsciencia de un muchacho que ni sabe ni puede controlar su propia carrera profesional, y seguramente algo de menosprecio hacia el profesional maduro que viene ya de bajada de una trayectoria en la que ha alcanzado el nivel más alto de la pelota a mano, para, eso sí, aprender que hay otras estrellas más poderosas.

En cualquier caso, la cuestión personal entre Goñi y Errandonea, nos permite saltar, en un plano más general, a la cuestión de las cualidades individuales versus el aprendizaje.

Aquí vamos a defender la tesis de que es más importante un proceso de aprendizaje adecuado que la presencia de cualidades naturales en el individuo.

En otras palabras, existen en el mundo, casi siete mil millones de "máquinas", que sometidas a entrenamientos adecuados, pueden alcanzar excelentes niveles en el desempeño de cualquier habilidad. Obviamente, nos referimos a los seres humanos, incluidos los viejos.

Conviene que pongamos límites a nuestra propia tesis. Naturalmente, hay cosas imposibles: no cabe, a partir de un ser humano, construir una máquina que entre en el torrente circulatorio para observar el estado de arterias y venas de una persona enferma; como tampoco cabe, a partir de un ser humano, construir un aparato volador que permita obtener fotografías de un ejército enemigo.

Y así mismo, conviene precisar que hay cosas posibles, pero muy poco razonables: no es razonable entrenar a un hombre de 40 años para conseguir un ciclista excelente, capaz de ganar el Tour de Francia. Al final del proceso de aprendizaje, podremos conseguir en nuestro hombre mejoras maravillosas, pero será un hombre de 45 años, edad absolutamente inadecuada para competir en una prueba de requerimientos tan brutales como una gran vuelta ciclísta.

Continuemos limitando nuestra tesis. Es muy poco práctico ignorar que antes de que un sistema de entrenamiento opere sobre un colectivo, un conjunto variado de factores ha efectuado ya una preselección: carece de sentido prescindir de que a los 12 años, hay niños que ya presentan una cierta habilidad para manejar un balón de futbol, o para escribir un cuento.

Y en ningún caso debemos olvidar que operamos sobre una extraña criatura, la persona humana. Por eso, sería un enorme error hacer caso omiso de las preferencias de nuestro niño, o nuestro hombre. Pretender hacer un gimnasta de un muchacho porque así lo desean su madre o su abuelo, cuando él quiere ser violinista, sería la mayor de las estupideces.

Pero hecha esta lista de limitaciones, hay que volver a afirmar que las posibilidades de educar a una persona en una habilidad concreta son grandes, sobre todo si se cuenta con los recursos adecuados y con la voluntad del interesado.

Si una mujer de 60 años quiere ser una buena nadadora, y se dispone de una buena piscina y de un buen preparador, es seguro que lo logrará.

Si una niña quiere ser ciclista, y puede acceder a una escuela de ciclismo con medios, no hay duda de que su cuerpo se adaptará a esta exigente disciplina.

Si una muchacha de 25 años quiere emular a Agatha Christie, y se esfuerza en la buena dirección, adquirirá destreza en esa difícil tarea de construir una buena novela.

Esta claro que ni podemos asegurar que nuestra joven gane el Nobel de Literatura, ni tampoco nuestra niña alcance el oro olímpico. Como también es seguro que nuestra veterana nadadora no va a ser campeona de España de natación.

Pero nuestra tesis no habla de conseguir campeonatos; sólo afirmamos que la capacidad del ser humano para adquirir habilidades, cuando se cuenta con los medios adecuados, es asombrosa.

Y es hora de que volvamos a Inaxio Errandonea, el pelotari de Bera. Aclaremos que Bera es un pueblo del Norte de Navarra, distante unos 20 kilómetros de Oronoz-Mugaire, el pueblo de Mikel Goñi.

Y tenemos que decir que Inaxio está doblemente equivocado. En primer lugar, en su lamento sobre la falta de una actitud positiva de Mikel. Ni él mismo, ni los dirigentes de la empresa de pelota Aspe, ni una grúa traída del puerto de Bilbao pueden mover la voluntad de Mikel, si el propio Mikel no colabora.

Pero aún es más lamentable la equivocación de Inaxio consigo mismo: la poca fe que tenía en sus propias posibilidades. Con 18 años Errandonea obtuvo la plata en el Mundial de Pelota en Méjico. Ya como profesional obtendría varios campeonatos en el Parejas, quedándose a las puertas de la Txapela en el Manomanista y en el Cuatro y medio. Pero sobre todo, Inaxio fue víctima de las dificultades que tenían, tanto las modernas técnicas de entrenamiento como los avances de la Medicina deportiva, para entrar en el mundo de la Pelota Vasca. En la época, el único médico para muchos pelotaris era el traumatólogo, y los únicos entrenamientos, andar de caza, o andar al monte a cortar leña.

No podemos dudar de la capacidad de sacrificio de Errandonea. Pero el voluntarismo y el sobreentrenamiento son dos tremendos peligros que acechan al hombre en el camino para obtener una habilidad, y quizas Inaxio, un autodidacta en los temas de la preparación del deportista, acabó cayendo en ellos.

Insistimos en nuestra tesis: el hombre puede alcanzar maravillas en lo que a consecución de destrezas se refiere. Pero, para ello, el camino debe discurrir por la dirección adecuada, y se debe disponer de los recursos adecuados: entrenadores, profesores, escuelas, médicos, y el tiempo necesario.

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