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pitagoras Tresfonsitas

Ángela Merkel

En marzo del 2010 Ángela Merkel se expresa con inusitada dureza sobre los problemas de la economía griega: afirma que no se debe descartar la expulsión de un miembro como "último recurso".

Sobre la inexcusable ofensa a los ciudadanos griegos hay que posicionar el daño que las palabras de la alemana hacen a la estabilidad del euro.

Sin embargo, es obligado conceder un margen de confianza a Ángela. Sobre todo porque ella se tiene que desenvolver en un ambiente especialmente rígido: el ambiente inflexible y duro de los políticos alemanes; y cuando decimos políticos alemanes estamos queriendo decir "políticos varones alemanes".

Y el siglo XX nos ofrece ejemplos innumerables de la "dureza germánica".

Ya en la Primera Guerra Mundial los alemanes (los varones alemanes) tienen que ver como Italia, su aliado preferente, se une en el último momento a Francia e Inglaterra. La explicación alemana incluye, por una parte la astucia británica, ofreciendo el mar Adriático a los italianos, y la ingenuidad italiana, creyendo que la oferta era real. Pero convendría que Alemania revisara su propia Historia. Quizás los británicos no eran tan astutos; quizás los italianos no se creyeron del todo que acabarían dueños de las costas orientales del Adriático. Quizás los alemanes deberían reflexionar en su incapacidad para hacer equipo con los diferentes. Desde luego haciendo equipo entre los iguales, es decir, entre ellos mismos, los alemanes son insuperables.

Y en la Segunda Guerra Mundial los alemanes (los varones alemanes) tienen que ver como los italianos, sus aliados preferentes, se levantan contra ellos. La explicación alemana incluye la traición y la cobardía de los italianos. Pero quizás los alemanes deberían reflexionar sobre su presencia en suelo italiano, ¿no la sentirían los romanos, los sicilianos, los napolitanos, como una ocupación?

Y ya en el siglo XXI los políticos (los políticos varones alemanes) siguen dando ejemplo de rigidez y de dureza, por no decir de impotencia e incapacidad. Tomemos el ejemplo de Alex Weber, presidente del Bundesbank. Weber vocea contra la compra por el BCE de bonos de Estados en riesgo de quiebra en Europa. Prefiere el (varón) alemán que sean los acreedores de estos países los que afronten los riesgos, y eventualmente la quiebra de los Estados insolventes. Este fino economista alemán (varón) está hablando de Italia, España, Grecia, Irlanda o Portugal.

Pero la dureza germánica de Weber va más lejos (quizás habría que hablar de dureza anglosajona): propone una política preventiva contra la inflación, es decir, una subida de los tipos de interés. Los españoles, con nuestra tasa de paro, ¿nos podemos imaginar el efecto que esta medida preventiva propuesta por este (varón) economista alemán tendría sobre nuestra economía?

En fin, lo dicho, que Ángela merece una oportunidad. Pensemos que es una mujer que ejerce la política según el único modelo existente, el "modelo masculino". Y por ello tenía el derecho a equivocarse. Y tiene el derecho a equivocarse.

Pero también tiene la oportunidad de ver el camino correcto de Alemania dentro de Europa. Las mujeres alemanas son capaces de entender que cuando sus hijos se morían de hambre porque la economía alemana estaba estrangulada, parte de la responsabilidad era de sus propios padres y hermanos (varones) alemanes. Y sobre todo, las mujeres alemanas son capaces de entender que esos mercados europeos que ahora Alemania tiene abiertos a sus productos garantizan que sus hijos no pasarán hambre.

En fin, quizás un día oigamos a Ángela, en una plaza ateniense, pedir perdón a los griegos por sus palabras equivocadas de marzo del 2010.

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