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pitagoras Tresfonsitas

Anónimo

Un político de alto nivel del Partido Popular comenta en un grupo de compañeros que "ellos", es decir el PP, podrán controlar "desde detrás" algunas salas del Tribunal Supremo.

La cuestión de la relación entre el poder político y el judicial se basa en una idea preconcebida que quizás convendría estudiar por si acaso no tuviera ya vigencia.

No nos referimos al lado de los políticos: básicamente sigue vigente la presencia de algunos de ellos que sólo aspiran a obtener ganacias económicas rápidas empleando cualquier medio ajustado al caso, lo que conlleva inevitablemente la corrupción más intensa.

Nos referimos al lado de los jueces.

Se suele hablar, y con razón, del desajuste entre el ideario de un partido socialista y la sociedad actual.

En efecto, ya no estamos ante un sistema laboral en el que el proletariado represente una masa ingente explotada por empresarios insensibles. Ahora tenemos una clase media numerosa en la que cualquier individuo puede mejorar su posición con cierta rapidez por la doble vía de la preparación académica y el emprendimiento.

Pues resulta que los jueces realizan su carrera en ese mismo caldo de cultivo social: estudian en la Universidad, realizan unas difíciles oposiciones, progresan en su carrera profesional.

Y en ese recorrido por la escalera del ascenso social se acompañan de otros afortunados del progreso: de modo que pueden contraer matrimonio con una joven y triunfadora profesora de universidad, o con un joven y brillante abogado, o con la heredera de la fortuna de una saga de poderosos empresarios.

Y claro, poseerán una buena vivienda y un buen coche, y quizás una segunda vivienda en la costa, y bueno, a veces podrán tener su propio barquito de recreo.

De modo que algunos políticos creen que el juez es una persona flaca, con unos recursos escasos que apenas llegan a fin de mes, y con una vivienda en alquiler y no precisamente de lujo. Vamos, creen que es vulnerable.

Pero no, eso era propio del XVIII o del XIX; ahora los políticos deberían tener cuidado con los jueces; resulta que generalmente tienen un status social igual o superior a los dirigentes de un partido político; y les pueden meter en la cárcel.

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