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pitagoras Tresfonsitas

Groucho Marx

Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!

Puede que el humor consista en escuchar algo inesperado, reirse y a otra cosa. Pero aunque a Groucho quizás no le gustase, muchas de sus gracias permiten tirar del hilo y llegar a pensamientos serios y distantes.

Y es que el dinero tiene unas cualidades cuando lo consideramos en un intervalo más o menos centrado, y otras propiedades cuando nos vamos fuera de ese intervalo que podríamos llamar "razonable".

Si un joven africano llega a Sevilla y encuentra un trabajo en un supermercado por el que cobra 800 euros mensuales, creo que habría que reconocer la admirable función del dinero en la relación establecida entre la empresa y el trabajador. Si añadimos que con ese dinero el joven podrá pagar una habitación en la que cobijarse, y un refresco en una tarde calurosa, y podrá enviar una parte a su familia en un pequeño pueblo del Atlas, nuestra admiración por las virtudes de esa cosa que llamamos dinero crecerá más.

Si un francés compra una pequeña empresa agroalimentaria en el Norte de África por cien mil euros, y logra, en el corto plazo de 5 años y mediante la exportación a Europa de sus productos, multiplicar su valor por ocho, igualmente deberíamos reconocer la eficacia del dinero. Y si pensamos que el comprador no tenía un duro, y que consiguió los 100.000 euros por un prestamo bancario, aún deberíamos sorprendernos más con las "cosas que puede el dinero".

Es muy probable que la inmensa mayoría de las personas no comparta que el dinero tenga cualidades positivas. Pero deberían hacer un esfuerzo y pensar los efectos que el "dinero escaso" pudo haber tenido sobre esos supuestos que hemos considerado. Quizás el supermercado sevillano, corto de liquidez, decidió no contratar un nuevo empleado, y el joven africano viajó hasta otra ciudad europea en la que tuvo que vivir "en la calle", mientras sus familiares pasaban hambre en su pueblo marroquí.

Y quizás el Banco al que acudió nuestro inversor francés con su proyecto, tuvo que responder con una negativa debido a una coyuntura en la que el precio del dinero se había disparado; y nuestro hombre tuvo que volver a Paris donde se encuentra en el paro; y la pequeña empresa tunecina cuyo valor se pudo multiplicar por 8 quizás terminó en la quiebra. Y quizás...

Si se hiciera un esfuerzo de comunicación, la sociedad acabaría aceptando que ese maldito dinero, a la vez odiado y ansiado, carece de cualquier propiedad moral, y es simplemente uno de los inventos más espectaculares del ingenio humano.

Ahora bien, la virtualidad del dinero, según hemos afirmado previamente, está limitada a un intervalo razonable. Lo podríamos fijar entre los 800 euros del salario mensual que cobra nuestro imaginario trabajador en Sevilla, hasta los 800.000 euros en los que hemos valorado la floreciente empresa tunecina de alimentos elaborados. Como obviamente se trata de unos límites convencionales, podríamos redondearlos fijando nuestro intervalo entre mil euros y un millón de euros.

Intentar extrapolar las cualidades del dinero fuera de este intervalo es un error mayúsculo. Comenzemos por considerar la zona que queda por encima de nuestra raya del millón de euros. Pensemos en una empresa multinacional y consideremos que sus gestores desean garantizar su aprovisionamiento de materias primas, siendo ilimitado el presupuesto destinado a este objetivo estratégico. Financian una pequeña guerra, corrompen políticos y periodistas,..... Durante un tiempo rebajan costes, pero a no mucho tardar han de irse de la zona..... Repiten la operación en el país vecino, o en otra parte del mundo, pero el objetivo de garantizar el aprovisionamiento de este o aquel mineral se revela inalcanzable, y las cantidades invertidas en obtener el poder absoluto sobre un pequeño trozo de África o sobre una pequeña isla del Índico, han de declarase fallidas.

Podríamos imaginar mil y una historias similares. Aquel industrial centroeuropeo que quería controlar todo con su dinero. A su nuera, a un policía veterano, a un joven periodista, al alcalde.... Invertía sumas generosas con ese fin y durante mucho tiempo pareció que lo había logrado, pero finalmente el tinglado se derrumbó.

O el político y hombre de negocios latino que controlaba todos los medios de comunicación.....

Por el otro extremo, por debajo de la raya de los 1000 euros, sucedería lo mismo. En principio puede parecer una buena idea conseguir que el salario se reduzca a la mitad, a 500 euros. Una coyuntura bajista en la economía puede ser un buen momento para conseguirlo: el paro hace que los trabajadores acepten reducir su sueldo...., o que acepten trabajar el doble por el mismo salario. Y esto conlleva que los beneficios suban. Pero este escenario solo puede llevar al desastre: en efecto, vendrá el derrumbe de la demanda, la miseria generalizada, y tarde o temprano el decorado propio del Imperio Egipcio se caerá.

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