¡Bienvenidos!
pitagoras Tresfonsitas

La idea no delinque

La inteligencia no delinque, es una cita que podemos asignar a regeneracionistas como Antonio Maura o José Canalejas.

El criterio que contiene tal frase tiene obviamente sus excepciones. Por ejemplo, la proposición de los métodos violentos como resolución de problemas que claramente podrían tener una salida plausible con medios como el diálogo, la paciencia, la tolerancia y el trabajo cotidiano no parece encajar bien dentro de nuestra caja: "la idea no delinque". De hecho podríamos legítimamente plantearnos si estas "ideas" son tales; si son "pensamiento"; si entran dentro de lo que entendemos por "inteligencia".

Pero, más allá de si las ideas delinquen o no, deberíamos preguntarnos sobre los posibles efectos negativos de muchas propuestas de intencionalidad política o social.

Hoy se acepta, al menos de modo general, que la opinión pública se forma "de arriba hacia abajo". Es natural que así sea: los poderes fácticos no pueden tolerar que las ideas se formen de un modo absolutamente libre; por lo tanto, intentarán controlar los medios de comunicación de tal modo que "la inteligencia libre", a través de un proceso de conveniente "erosión", acabe por ser compatible con el sistema social dominante.

Sin embargo, las ideas nunca dejarán de producirse espontaneamente.

Pensemos en el problema migratorio. No es aventurado afirmar que existe un pensamiento generalmente aceptado sobre el problema: sobre las consecuencias positivas de la llegada de trabajadores extranjeros a los países receptores; sobre el límite que tiene la capacidad de estas economías receptoras de recibir estos emigrantes y sobre la necesidad de regular, incluso con medidas de fuerza, la llegada de estos trabajadores foráneos; sobre la necesidad de que los países emisores consigan desarrollar sus economías de modo que esos flujos se moderen en origen.

En este sentido sería fundamental que el pensamiento de economistas muy serios sobre el sistema económico internacional tuviera una consecuencia en un conjunto de medidas reguladoras: no es de recibo que muchos países en desarrollo sufran en sus economías un doble golpe que les conduzca al cementerio (eso sí, en muchos casos con una excelente salud); primero son expoliadas sus riquezas y luego se les estrangula con medidas de estabilización promovidas por las ¿instituciones económicas mundiales?

Pero nadie puede evitar que un ciudadano rodeado de algunos amigos en la barra de un bar, una alcaldesa de una gran ciudad o un periodista en alguna tertulia radiofónica aporten sus ideas particulares sobre el problema.

Es posible que en una taberna oigamos decir que los emigrantes son ladrones y criminales y que hay que ponerlos de patitas en la frontera. Sobre esta "ideas" o "pensamientos" o "productos de la inteligencia" poco hay que analizar.

Es posible que oigamos decir a una alcaldesa, tratando sobre el intento de unos subsaharianos de saltar una valla fronteriza, que "aplaude" tales intentos. Podríamos vacilar entre dos posibilidades, para los efectos de esta afirmación: uno, la absoluta ineficacia de tal entusiasmo; dos, la alimentación del fuego que quieren provocar los que intentan criminalizar la emigración.

Es posible que un tertuliante afirme que no basta con aspirar al crecimiento económico de los países pobres; que debemos aspirar a que tengan sistemas políticos democráticos similares a los nuestros. Podría ser que a Maquiavelo le pareciera bien tal propuesta; podría ser el mejor modo de evitar que esos países salgan de la miseria. ¿No sería mejor esperar a que primero consigan alcanzar un mínimo nivel de bienestar y luego, sean ellos los que decidan que modo de organizarse políticamente les conviene?

¡Hola!
¡Un saludo!