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pitagoras Tresfonsitas

Miguel de Cervantes

Don Juan y don Antonio dijeron al duque que había sido la más discreta y más sabrosa burla del mundo.

Esto dice el narrador en La Señora Cornelia, es decir, esto dice Miguel de Cervantes que dijeron don Juan de Gamboa y don Antonio de Isunza.

La Señora Cornelia

Don Juan y don Antonio son dos jovenes españoles que se encuentran estudiando en Bolonia, la hermosa ciudad que se encuentra aproximadamente en la mitad de esa línea recta que une Piacenza con Rimini, y que desde los tiempos del imperio Romano se conoce como Vía Emilia.

Una noche reciben los dos estudiantes vizcaínos, hoy diríamos vascos, sendos regalos: a Don Juan le entregan un recien nacido envuelto en ricos ropajes y don Antonio rescata a una bella dama en apuros, la señora Cornelia. Aun tendrá tiempo esa noche don Juan de salvar a un italiano de la acometida de un grupo numeroso de espadachines.

La acción se desplaza de la ciudad boloñesa al camino que conduce a Ferrara. Hoy en día una guía de ferrocarriles nos informaría de que las dos ciudades se encuentran a menos de media hora una de la otra. En la época de Cervantes, también estaban al alcance de la mano, aunque fuera al precio de reventar uno o varios buenos caballos.

La señora Cornelia resulta ser la madre del recién nacido, y el hombre al que Don Juan ha salvado resulta ser el Duque de Ferrara, amante de Cornelia y padre del niño. Los que quisieron asesinarle iban por cuenta de Lorenzo, hermano de Cornelia, ofendido porque el duque no se casaba.

Sabemos que el motivo que dificultaba la boda al de Ferrara era el no disgustar a su anciana madre.

Todo se va resolviendo pero a última hora sucede que Cornelia y el niño han desaparecido. Por fin, el duque encuentra a su amada, y antes de la boda, gasta una broma a los dos españoles y a su futuro cuñado, explicando que dada la desaparición de Cornelia va a casarse con una labradora. Broma que como hemos visto, y si hemos de creer a Cervantes, fue muy celebrada por los dos vascos.

La novela breve puede ser calificada de idealista, inverosímil, italianizante, de todo lo que se quiera. Pero más bien parece una historia imposible, un reto planteado a un escritor y cuyo cumplimiento es altamente improbable.

Pero don Miguel vence, consiguiendo hacer disfrutar al lector una y cincuenta veces, con sus detalles, con el manejo de los tiempos, en fin, con la potencia, claridad y belleza de su pluma.

A partir de aquí, Cervantes escogerá los temas de sus novelas: los problemas reales y verdaderos de la sociedad española, la sociedad que el tan bien conoce.

Y creará la narrativa moderna tal y como hoy la conocemos y disfrutamos. Será el primero y lo sigue siendo: cuatrocientos años después nadie le ha superado, aunque muchos, siguiendo su estela, hayan podido llegar a su altura.

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