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pitagoras Tresfonsitas

Catalina de Aragón

Un no muy conocido psiquiatra declaró hace tiempo:

-Si un político me preguntara sobre el modo de invertir un millón de pesetas en la defensa de las mujeres contra sus potencialmente criminales maridos, le diría que emplease 999.999 en protección policial y la peseta restante en educación.

-No en educación de jóvenes varones -continuaba- eso sería inútil; invertiría la peseta en educar a las niñas con cuentos terribles sobre la maldad de algunos individuos del sexo masculino.

La Historia nos ofrece ejemplos bastante "ejemplares".

Así tenemos a Enrique VIII y a su sobrinito Carlos I de España, o quinto de Alemania si se prefiere.

Enrique, el segundo Tudor, tuvo como primera esposa a Catalina de Aragón.

En junio de 1529, ante la Corte inglesa y arrodillada ante su marido pronunció unas palabras llenas de dignidad:

-Señor, os suplico…. que tengáis de mí alguna piedad y compasión, porque soy una pobre mujer, una extranjera, nacida fuera de vuestros dominios. No tengo aquí ningún amigo seguro y … a vos acudo como cabeza de la Justicia en este Reino.

-Pongo ... a todo el mundo por testigos de que he sido para vos una mujer… humilde y obediente, siempre conforme con … vuestro gusto… siempre …contenta con todas las cosas que os complacían, ya fueran muchas o pocas…

-Estos veinte años o más he sido vuestra verdadera mujer y habéis tenido de mí varios hijos, si bien Dios ha querido llamarles de este mundo…

-Me asombra oír qué nuevas invenciones se inventan contra mí… y me obliga a oponerme al … juicio de este nuevo tribunal, en el que tanto daño me hacéis.

-Y os suplico humildemente que en nombre de la caridad… me evitéis la comparecencia ante este tribunal en tanto mis amigos de España no me hayan aconsejado cuál es el camino que me corresponde seguir.

-Pero si no queréis otorgarme tan menguado favor, cúmplase vuestra voluntad, que yo a Dios encomiendo mi causa.

Conviene enseñar a las niñas que una actitud así, combinación de obediencia y dignidad, no hace sino enfurecer al varón y ponerle en situación de perder los estribos.

Y si no, ahí está la continuación del cuento.

Catalina fue desterrada a principio de los años 30, y en 1535 trasladada a Kimbolton, entre Cambridge y Northampton, donde estaba confinada en una única pieza; decir que era prisionera sería bastante preciso, teniendo en cuenta las horribles condiciones que en aquel siglo sufrían los presos.

El chantajista jefe de la casa Tudor le ofreció la posibilidad de ver a su hija María si reconocía a Ana Bolena como reina. A fines de año, recien cumplidos los 50, ya estaba muy enferma.

La visita de su amiga María de Salinas hizo que en el Año Nuevo mejorara su estado físico.

El día 6 de enero se peinó y arregló, encontrándose algo animada.

Murió el 7 de enero a las dos de la tarde.

Juana, la hermana mayor de Catalina, "tuvo tiempo" para sufrir mucho más tiempo.

Su padre, Fernando de Aragón, la encerró en 1509. Poco le faltó a Juana para "alcanzar" el medio siglo como prisionera.

A la muerte de su padre Fernando le sucedió como carcelero su propio hijo Carlos, sobrino político por tanto del tito Enrique de Inglaterra.

La intransigencia de Carlitos superó a la de don Fernando: con el pretexto de que debía cumplir Juana con sus obligaciones religiosas permitía a los carceleros directos en Tordesillas maltratar a la pobre "Loca". Y es que el inconsciente de Carlos le azuzaba contra su madre, ya que su legitimidad, la de Carlos, dependía de la "incapacidad" de Juana.

Como decíamos aguantó presa casi 50 años.

Finalmente su salud física quebró y quedó paralítica. Sin embargo, su nieto Felipe, parecía dar menos importancia a los problemas físicos que a los "espirituales" de Juana. Murió en abril de 1555.

Ante la cuestión algo gratuita de cual de los dos fue el mayor "hideputa", si Enrique o si Carlos, no es fácil la respuesta.

No parece posible encontrar mayor crueldad que la de un hijo contra la madre que le ha parido, pero un marido que encierra a su obediente esposa entre 4 paredes y "tira la llave" tambíen "merece nota".

Este cuento doblemente negruzco y pesimista necesita algo de luz al menos como contraste.

Hay que decir que la hermana intermedia de Juana y Catalina, María la portuguesa, vivió rodeada de bienestar y poseedora de amplios bienes materiales, culturales y artísticos.

Eso sí, murió joven, agotada de tanto parir.

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