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Bretton Woods y Keynes

Steve Schifferes, periodista de temas económicos de BBC news, nos recuerda que los acuerdos de Bretton Woods del verano de 1944 tuvieron una alternativa ideada por Keynes que resultó frustrada a la postre: “Sin embargo, las propuestas más ambiciosas de John Maynard Keynes por el Reino Unido para establecer un banco central mundial que podría emitir su propia moneda (que él llamaba Bancor) fueron rechazadas por los EE.UU.. Keynes esperaba que un nuevo banco podría ayudar a reactivar la economía mundial mediante la expansión de la oferta monetaria. También quería que el costo de los ajustes fuera compartido entre los países con superávit y déficit comerciales, por lo que los países con grandes excedentes tendrían que revaluar sus monedas, así como los países con déficit se verían obligados a devaluar.”

En ese momento, los Estados Unidos, cuyo territorio está libre de todo tipo de episodios bélicos, son una gigantesca factoría capaz de fabricar productos de guerra a una velocidad muy superior a la que tiene Alemania de destruir el material del ejército aliado. No puede sorprender, por tanto, que la propuesta norteamericana se impusiera de modo absoluto a la de Gran Bretaña (Keynes).

Así, se impuso el dólar como moneda internacional, ligada por una parte al oro con un valor fijo, y por otra a las diversas monedas nacionales por tipos de cambio igualmente fijos.

Además, se creó el Fondo Monetario Internacional con el objetivo de dirigir el ajuste de las economías de los países en problemas con su déficit comercial, es decir, los países deudores.

Tipos de cambio flotantes

Pero, un cuarto de siglo después los E.E.U.U., obligados por su propio déficit comercial, abandonan el patrón oro. Además los tipos de cambio fijos se cambian por otros flotantes determinados por el mercado. Esto se acompaña por sucesivas desregulaciones de los mercados financieros internacionales.

Los muertos del FMI

Las actuaciones del FMI conduciendo a los países deudores hacia el saneamiento de sus economías se vuelven más y más dificultosas. Inicialmente se trata de un país al que un déficit comercial excesivo y una acumulación de deuda con el exterior difícilmente soportable han conducido a un estado de semi-asfixia.

El FMI impone como prioridades el control de la inflación y del gasto público. Esto conlleva la subida del desempleo y el descenso del PIB. Se vuelve imposible atender a los reembolsos de la Deuda, pero hay que cumplir sea como sea. Se venden los mejores activos del país a inversores extranjeros. Un perfecto círculo vicioso que conduce a la asfixia total.

En los más altos niveles del mundo político o del económico se pronuncia repetidamente esta frase hecha: “los muertos que deja el FMI gozan de una salud excelente”.

Los países acreedores

No es descabellado decir que la economía mundial se va adentrando en un callejón sin salida. Y no está fuera de lugar recordar la recomendación de Keynes, es decir, la necesidad de que los países acreedores compartan el esfuerzo para salir del estrangulamiento.

¿Obligarles a revaluar sus monedas? ¿Imponerles una tasa sobre sus superavits comerciales? En cualquier caso es preciso que estos países abandonen su posición puritana y egoista y se comprometan a trabajar conjuntamente con los países deudores y/o pobres.

Para ello es necesario que se instauren en el juego de la economía mundial unas reglas claras y que no se puedan eludir fácilmente.

¿Quién le pone el cascabel al gato? Hay un país que en 1944 era el “gran acreedor” y hoy ha pasado a ser el “gran deudor”, y que mantiene sobre el mundo el mismo “inmenso poder” que entonces tenía sobre el bando aliado.

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