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pitagoras Tresfonsitas

Anónimo

La España necia vende los ajos y compra la especia.

En las Repúblicas democráticas no es fácil elegir un Presidente que responda a ese nivel que al menos teóricamente debiera exigirse al máximo mandatario de, por ejemplo, Estados Unidos, Alemania o Francia.

Es cierto que en esos países avanzados existen medios de comunicación excelentes que ayudan a la opininión pública a informarse adecuadamente; pero también hay que contar con la prensa "amarilla" que contribuye a la expansión de las mentiras y a la promoción de candidatos no precisamente ejemplares.

En las monarquías, constitucionales o no, el asunto no es ni fácil ni difícil; simplemente depende del azar.

Y la verdad es que no es tan frecuente como debiera encontrar una reina o un rey "razonablemente discreta/o".

En España, en la transición del XX al XXI, nos ha tocado una reina verdaderamente prudente e inteligente, acompañada, eso sí, de un rey bastante "tontorrón".

Es cierto que muchos le hemos considerado durante mucho tiempo un hombre "providencial", pero eso lo único que prueba es que los "tontos" alcanzamos una cifra tan elevada que mejor que contarnos es recurrir a la expresión "somos incontables".

A lo largo de los años hemos tenido de todo, incluído algún "pleno" de ejemplares "notablemente incapaces" como Isabel y Francisco de Asís en el XIX.

Pero también hemos tenido un pleno en el otro sentido, el positivo, con los Isabel y Fernando que pilotaron España en la travesía del siglo XV al XVI.

La prudencia de la castellana hizo que la inteligencia del Aragón-Trastámara alcanzara los mejores resultados imaginables para el país en su conjunto.

Pero la suerte de España con Isabel y Fernando no se vio acompañada de la suerte de ellos como padres.

Descontadas las muertes de infantes o jovenes les quedaron 3 hijas, de las que le fue bien a la portuguesa.

La inglesa fue desgraciada: es cierto que su marido no le cortó el cuello, pero su vida no fue "en una jaula de oro" sino notablemente peor.

Y la peor suerte fue la de la española con un marido bastante poco edificante y al que además amaba apasionadamente.

Es cierto que la suerte le sonrió al quedarse viuda, pero entonces se presenta desde Flandes un hijo que "hereda" el papel de "agresor" de su difunto padre.

Y es igualmente cierto que la suerte ha deparado a Fernando e Isabel un nieto como el joven Fernando, pero la "honorable, ridícula y absurda" España le envía a "trabajar a Alemania" para que el de Gante pueda hacer y deshacer a su antojo en España.

Lo prudente y lo inteligente hubiera sido quedarse con el Fernando y devolver a Gante, vía Viena y Alemania, al bailarín Carlitos.

¡Menudo personaje!

Carlos tiene personalidad, energía y una educación paupérrima.

No tiene ni puta idea de castellano.

Su formación política se reduce a una idea simple: "soy el rey y puedo hacer lo que me de la gana".

En Gante ha desarrollado un gusto exquisito por la música; pero no se ve como esto puede ayudar a un soberano a manejar un Estado poderoso pero muy complejo.

Por otra parte ha aprendido a bailar.

Cuando el roce con el bello sexo le genera una cierta excitación al llegar la noche no hay problema; le meten en la cama a una "flamencona", perdón, a una distinguida señorita de la buena sociedad de Brujas, Gante, o incluso Amberes.

Muy posiblemente, su llegada a la Corte española desarrolla en él un agudo complejo de inferioridad.

Sin embargo, el poder absoluto del que disfruta invierte el problema psicológico y lo transforma en un monstruoso complejo contrario.

Todo en los españoles es "miserable" para él: la música, las danzas populares, la comida, el número de veces por semana que los cortesanos se cambian la ropa interior.

Y no digamos de la represión sexual….

Para combatir el espantoso olor del ajo "decreta" que la comida ha de llevar ingentes cantidades de canela.

¡Viva la canela!

Por no hablar del modo en el que tira por el retrete, perdón por el anacronismo, las ingentes cantidades de oro y plata que llegan del otro lado del océano….

Eso sí, destroza la sana, modesta y eficaz economía española de un modo tal que no levantará cabeza hasta 4 o 5 siglos más tarde.

¡Hola!
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